.

.

jueves, 2 de noviembre de 2017

La Catrina


  Trepaba por el amanecer persiguiendo la luz a través de neblinas oscuras, aferrando la incipiente mañana, tratando de adivinar dónde estaba y, sobre todo, quién era. Seres incorpóreos tironeaban desde sus pesadillas,  susurrándole imágenes perturbadoras que intentaban interrumpir su despertar. Rebautizarse cada día, para no caer en la espiral tentadora de irrealidad que amenazaba con succionarle, era un rito imprescindible para conjurar sus terrores. Cada noche, sin embargo, se entregaba agradecido a la inconsciencia que borraba el cúmulo de angustia vital. 

  Y así, su existencia flotaba en un caldo espeso que, sin ahogarle, le impedía avanzar. Hasta que una vez soñó con ella: desde entonces,  hallarla fue su esperanza.

  La encontró por fin una tarde a principios de noviembre, precedida por un gato negro que marcó su destino enredándose entre sus piernas. El golpe en la nuca contra el suelo de aquel callejón de Ciudad de México fue el beso que ella había escogido para concederle la ansiada libertad.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

A dama do castro

  Aquel jueves los gatos no maullaron pidiendo leche: así supo que algo sucedía. No se oía el trajín de Carmen ordeñando, la cántara estaba derramada y un bulto inmóvil obstaculizaba la entrada al establo.
  José sobrevivió a la distorsión de esa y las siguientes jornadas, a todas las diligencias, ritos, deberes y emociones en silencio. Cuando por fin todos marcharon,  rastreó el último aliento de Carmen y maldijo su capricho de haberle dejado tirado, solo, en medio de la vida.
  Desde entonces, tras el canto del gallo, un tazón de leche con sopas le esperaba en la cocina, los huevos del corral amanecían en la cesta y, mientras él trabajaba en la cuadra, el caldo hervía lentamente, la ropa se lavaba, el suelo se barría y el agua ascendía sola hasta el brocal del pozo.
  José, acostumbrado a no ocuparse jamás de esas cosas, apenas se percataba de tales prodigios, como tampoco le parecía extraño vislumbrar retazos de tela blanca desapareciendo por los rincones.
Lo que sí le maravillaba era que ni el veterinario  ni el maestro supieran darle razón de por qué las andoriñas volaban en círculos sobre su cabeza, vigilándole, cuando abandonaba la casa o salía al prado.

Relato presentado al sexto bimestre de 2017 del blog Esta Noche Te Cuento dedicado a los seres mágicos (http://estanochetecuento.com/02-a-dama-do-castro/)

martes, 24 de octubre de 2017

Gesto de amor



  Ella acaricia su cabeza y, antes de exhalar el último aliento, sopla polvo de piedra sobre sus labios. 
  Él siente cómo una corteza pétrea le abraza el alma, enjuga sus lágrimas para siempre y transforma los pedazos de esa víscera destrozada que late en su pecho en un corazón de león.






 
 Relato finalista en el I concurso "León en piedra" http://estanochetecuento.com/relatos-leon-en-piedra/
y publicado en la revista Amanece metrópolis http://amanecemetropolis.net/gesto-de-amor/

lunes, 11 de septiembre de 2017

Realidades (Finalista de REC)



La casa ha comenzado a llenarse de hormigas y mi corazón de gusanos transparentes, pero ella sigue fingiendo que no pasa nada. A estas alturas, ni tenemos el palacio que soñamos alguna vez ni vivimos el amor de cuento que nos habíamos prometido.
A veces dejo sobre la mesa mis calcetines agujereados o pañuelos manchados de otro carmín. Pero ella sonríe, mueve la cabeza, los tira a la basura para que dejen de existir y sigue tarareando mientras convierte las patatas en langosta y transforma las lentejas en caviar.



Relato finalista en la semana 1 de la XI edición del concurso Relatos en cadena ( http://escueladeescritores.com/concurso-finalistas-rec-2017/)   podcast (minuto 45) 

viernes, 1 de septiembre de 2017

Renacimiento



  Cuando desperté, muchas cosas ya no estaban donde habían estado siempre. En la tiniebla aturdida de vapores dulces que me atenazaba sólo hallé consuelo a aquel crujido de mi horóscopo imaginando un cuadro luminoso en mi mente. Cobalto entre dunas siena, nubes escarlata, gotas doradas y reflejos de azabache sobre un desierto de gemas ígneas me ayudaron a huir del frío blanco de aquella catedral de dolor.
  
  La realidad me requería, sin embargo, así que moví la cabeza como respuesta a las voces que trataban de arrancarme del delirio de colores. Entonces vi los cables y los tubos y percibí que una música diferente había invadido el mundo mientras dormía. Recordé por qué estaba allí, en manos de otros artistas que, con aguja, hilo y bisturí, cercenaban lo terrible rescatando lo sano para esculpir vida.
  
  Supe que alguno de ellos había tatuado una enorme cicatriz en mi vientre y otras tantas en mis entrañas: sobreviviría sin que muchos órganos resonaran más dentro de mí. Respiré, aliviada, el oxígeno a raudales que me ofrecían.

  Y cerré los ojos.  Y volví a empuñar mis pinceles invisibles en su honor: brotes traslúcidos, un disparo cobrizo, plata lunar y zumo verde de lágrimas esperanzadas.


Relato presentado al quinto bimestre de 2017, dedicado a los artistas, en el blog Esta Noche Te Cuento (http://estanochetecuento.com/renacimiento/)

jueves, 24 de agosto de 2017

Evocaciones



  Fue exactamente un treinta de agosto cuando, sometido al frío triste del inevitable adiós, nuestro amor tostado al sol se derritió como los helados que tanto te gustaban.Y con él cualquier promesa de contacto imposible, cualquier esperanza ingenua de revivirlo, cualquier atisbo de que pudiera existir otra vez.   

  Yo aún conservo la piedra redonda con la que tropezamos aquella noche de magia en la playa, y me gustaba pensar que quizá tú siguieras escuchando la sal del oleaje en la caracola que te regalé.


 Con el paso del tiempo tu nombre exótico se escurrió de mi memoria, aunque, desde aquel verano, el sabor de la vainilla siempre barnizaba mis labios de nostalgia y traía a mis oídos el eco de risas felices.


  Ayer, siete de junio, tus ojos me miraron desde la pantalla del televisor. Los años no habían apagado su brillo pícaro, pero tu mano sostenía un machete ensangrentado en vez de un chorreante cucurucho.


  Hoy sopeso, sentada en el malecón, si arrojar al mismo mar que te depositó en este continente ajeno la piedra que me ancla a tu recuerdo . Como si fuera una prueba infame que me incriminara, como si con ello  borrase de algún modo tu huella de mi vida, como si así sepultara en lo más profundo tu inocencia de entonces.


  Pero cuando intento lanzarla lejos, las lágrimas que no puedo contener inundan mis sentidos con un maldito aroma a vainilla.


http://amanecemetropolis.net/evocaciones/